sólo deseas gritar,
gritar que eres tú el que estás ahí
al que frágilmente miran,
al que solo las ganas lo sostienen.
Y no sabes cuanto has logrado
no sabes lo que ya has ganado,
la penumbra te había opacado,
y seguiste en pie sin haberlo pensado.
No querías abrir los ojos
cuando habías despertado querías dormir
y querías despertar cuando dormías
los sueños , se desvanecían en la noche
y las pesadillas persistían sin derroche.
Ocultabas tus miedos
deseabas tanto estar flotando con esos sueños
anhelabas todo lo grande y magnífico
y tu reflejo sólo mostraba lo pequeño y minoritario.
Huías a grandes pasos
pero un impulso luminoso
cual rayo fulminante
un impulso había llegado.
Ese incentivo ya había penetrado en tu ser,
eras grande desde que soñabas en grande,
eras pequeño si así lo deseabas.
Tus sueños, no eran el reflejo de lo que querías ser
sino de lo que tú eras capaz de ser.
Cantando la noche amanecía
pasaban las horas y ya gritabas quien eras.
Saboreas ahora lo delicioso de tus minutos
Saboreas el dulce sabor de tú grandeza
y saboreas lo amargo de tus derrotas.
Tus derrotas hacen que quieras degustar más sabores de tu vida.
Amargos y dulces,
un contraste para la vida
La cuestión te la habías planteado
siempre habías querido gritar
quien eras tú
siempre habías querido ser
el mismo TÚ!
el siempre ¡TÚ!
Claudia Patricia Martínez Rabanal.
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